Tuesday, November 22, 2016

Viejita

Ella vivía en la última casa,  al final de ese pueblo mágico donde el tiempo parecía haberse detenido, era una dulce viejecita, de mirada sincera, manos trabajadoras y caminar erguido.
Había pasado ya un año, desde que el amor de su vida había partido, mi cielo, así lo llamaba ella, y se le salía un suspiro, cuando venía a su memoria, nunca nadie había amado tan devotamente a otro ser humano como aquella mujer.
Aquella tarde de marzo, mientras caminaba para hacer las compras acostumbradas, él la tomó de la mano y se la llevó de éste plano, me dejó con la promesa de un abrazo y una plática sobre el futuro, con viajes en puerta y tazas de café pendientes, mi niña, así me decía, y yo le decía mi abue, la amé sin aquellas obligaciones que los lazos sanguíneos te demandan y ella me amó a mí, sabiendo que estábamos juntas sólo por el gusto de acompañarnos mutuamente.

La extraño cada día, sus cuentos y anécdotas, su constante insistencia en que me consiguiera un marido, su olor, sus lentes, su comida, su risa, pero sobre todo su abrazo, ese abrazo pendiente que espero algún día nos volveremos a dar.